Cuando el 24 de marzo de 1976 con las primeras luces, la primera víctima —como ocurre en toda guerra o asalto al poder— fue la palabra. Sin embargo, mientras los grandes diarios nacionales lidiaban con la censura directa en las redacciones de la Capital, la prensa regional enfrentó un desafío mucho más íntimo, asfixiante y, a menudo, letal.
El ojo en la manzana
En las ciudades del interior, el control no era solo una directiva oficial que llegaba por télex; era el vecino que vigilaba, el militar que compartía el café en la plaza o la amenaza directa al periodista que conocía de nombre y apellido a los desaparecidos de su pueblo.
El rol de los medios locales durante la dictadura puede dividirse en tres tristes realidades:
- El silencio de supervivencia: Muchos editores debieron optar por la "omisión" para evitar el clausura o la desaparición de sus trabajadores. Las páginas se llenaron de noticias sociales y gacetillas oficiales mientras el horror ocurría a la vuelta de la esquina.
- La complicidad editorial: No podemos ignorar que ciertos medios regionales actuaron como portavoces de las juntas, legitimando el discurso de "orden y seguridad" y estigmatizando a las víctimas.
- La resistencia invisible: Hubo quienes, entre líneas, usando metáforas o publicando solicitadas de madres desesperadas cuando nadie más se atrevía, mantuvieron encendida una pequeña luz de humanidad.
El costo de informar
No debemos olvidar que el periodismo regional pagó un precio altísimo. Muchos colegas del interior fueron secuestrados precisamente porque su cercanía con la comunidad les permitía ver lo que el poder central quería ocultar.
A 50 años del golpe, la reflexión para nosotros, los comunicadores, es obligatoria. La prensa no es un actor neutral; es un contrapoder. Cuando un diario regional calla ante una injusticia local, la democracia se debilita un poco más.
"La libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas, sino un derecho de los ciudadanos a estar informados para no ser esclavos de la mentira".
Hoy, en Tiempo Ciudadano, honramos a aquellos periodistas que, incluso en el rincón más remoto del país, intentaron que la verdad no fuer





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