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  Hay memorias que se alzan de mármol, y otras que respiran en el aire. Las primeras buscan fijar, inmovilizar, perpetuar una imagen de lo ...

 

Hay memorias que se alzan de mármol, y otras que respiran en el aire. Las primeras buscan fijar, inmovilizar, perpetuar una imagen de lo que fuimos. Las segundas —las que nacen de la palabra— prefieren el movimiento: se deslizan entre los silencios, atraviesan generaciones, se transforman y, al hacerlo, nos transforman.

Así como un busto o un monumento busca fijar el recuerdo de un hecho histórico o político en la memoria colectiva, la literatura ejerce un acto de conmemoración más sutil y profundo. No se impone en el espacio, sino que habita el tiempo. No reclama una plaza, sino una voz. La palabra escrita o dicha —en verso, en cuento, en crónica o ensayo— reconstruye lo que la piedra intenta inmovilizar, pero con una memoria flexible, viva, que se adapta a los matices de cada época y lector.

En esa tensión entre la permanencia de la piedra y la fluidez del verbo se juega una parte esencial de nuestra identidad cultural. La ciudad misma —con sus monumentos, calles y nombres— es una biblioteca de piedra que dialoga, a veces sin saberlo, con la literatura que la narra. Córdoba, Rosario, Buenos Aires o cualquier otra urbe del país son escenarios donde el relato literario se entrelaza con la historia política y social, revelando que recordar no es sólo conservar, sino también reinterpretar.

Porque el recuerdo necesita del arte para no volverse dogma. Y la palabra —como el agua que erosiona la roca— mantiene viva la memoria al permitirnos sentirla, discutirla y volverla propia. Allí reside su poder: en la posibilidad de moldear la identidad colectiva no desde la imposición, sino desde la emoción y la imaginación compartida.

Hoy, en Tiempo Ciudadano, queremos volver sobre esa relación que nos facilita la literatura, ese convivir entre la piedra y la palabra, entre lo que se fija y lo que se renueva. Porque toda sociedad que piensa su memoria, que la interroga y la resignifica, está también pensando su futuro.

El eco de la piedra y la palabra no sólo nos recuerda quiénes fuimos. Nos invita, sobre todo, a decidir quiénes queremos ser.

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"La Visión de los Papas"

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