La situación actual del PRO en Córdoba está marcada por una intensa interna partidaria y la búsqueda de alianzas estratégicas de cara a l...

 


La situación actual del PRO en Córdoba está marcada por una intensa interna partidaria y la búsqueda de alianzas estratégicas de cara a las próximas elecciones. La reciente intervención del partido en la provincia ha generado tensiones entre los dirigentes locales y la conducción nacional. La senadora nacional Carmen Álvarez Rivero ha expresado públicamente la necesidad de un liderazgo firme y ha solicitado una reunión con Mauricio Macri para definir el rumbo del partido en Córdoba.

En este contexto, la visita de Mauricio Macri a La Calera, programada para este viernes, adquiere una relevancia especial. El ex presidente participará en una charla en la Bolsa de Comercio de Córdoba, pero antes realizará su paso por La Calera para reunirse con dirigentes y militantes locales, con el objetivo de fortalecer la presencia del PRO en la provincia.

Paralelamente, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, adelantó su visita a Córdoba y arribará un día antes que Macri. Su agenda incluye actividades oficiales y partidarias, en un intento por consolidar su liderazgo y atraer a sectores del PRO descontentos con la actual conducción.

La coincidencia de ambas visitas refleja la disputa interna por el control y el futuro del PRO en Córdoba, una provincia clave en el mapa político nacional. La definición de alianzas, especialmente la posibilidad de un acercamiento con La Libertad Avanza de Javier Milei, es uno de los temas centrales en la agenda de los dirigentes locales y nacionales.

La presencia de Macri en La Calera será una oportunidad para medir su influencia en la provincia y delinear estrategias que permitan al PRO recuperar protagonismo en el escenario político cordobés.

Para más información sobre la visita de Mauricio Macri a La Calera, puedes consultar el siguiente video de La Calera TV:

https://youtu.be/J_0GSPtaZl8

Por Gustavo Restivo Siempre me llamó la atención el silencio en política. No solo lo que se dice en una entrevista o un discurso, sino lo q...



Por Gustavo Restivo

Siempre me llamó la atención el silencio en política. No solo lo que se dice en una entrevista o un discurso, sino lo que se deja de decir. Lo que se esquiva, se omite, se guarda. Tal vez porque, como me pasa a veces, tengo una idea algo romántica —quizás sofista— de la política, en la que la palabra y el silencio son parte del mismo juego de poder. Por eso me atrapó el ensayo El silencio político, de Cristina Francisco López. Un texto profundo y bien argumentado que pone el foco en un tema poco tratado: cómo el silencio funciona como una herramienta clave en el juego político actual.

López toma una idea del filósofo Luis Villoro: que el silencio no es solo ausencia de palabra, sino una forma de decir sin hablar. Un lenguaje en sí mismo. En política, eso puede ser una táctica muy poderosa. Callar también es decidir, también es tomar posición.

Vivimos en una época saturada de información, opiniones y declaraciones. Todo se comenta, todo se discute, todo se grita en las redes. Sin embargo, el silencio persiste. Y en muchos casos, se vuelve más eficaz que cualquier discurso. Porque lo que no se dice también comunica. A veces más fuerte.

El ensayo recorre varias formas en que el silencio aparece en política: desde la censura directa —lo que el poder prohíbe decir— hasta la autocensura, cuando alguien decide no hablar por miedo a las consecuencias. Y también está el silencio estratégico: ese que busca protegerse, evitar un error o simplemente dejar que otros se desgasten hablando. Cristina López advierte que la política moderna no gira ya tanto en torno a la verdad como a lo que parece verdad. Es la era de la posverdad, donde lo emocional pesa más que los hechos. En ese escenario, callar se vuelve una herramienta valiosa.

Un ejemplo claro es cuando un político, frente a un tema delicado, decide no hablar. No porque no tenga opinión, sino porque cualquier palabra puede volverse en su contra. En un mundo donde todo se graba, se comparte y se edita, el silencio puede ser más seguro que cualquier frase bien construida.

La autora también relaciona el silencio con la exclusión. Muchas veces, lo que no se dice es lo que se quiere borrar: las voces de las minorías, los temas tabú, las historias incómodas. La política ha usado siempre el silencio como forma de borrar al otro. Pero también, recuerda López, el silencio puede ser resistencia. Muchas luchas empezaron como un murmullo, como un grito callado que fue creciendo hasta hacerse escuchar.

En un tramo muy claro, la autora señala que el silencio puede ser una forma de respeto —como en un funeral—, pero también puede usarse para ocultar verdades, para manipular o para imponer una sola versión de los hechos. Y en este punto, no podemos dejar de hablar de las redes sociales, ese espacio donde todo se dice sin filtro. Allí, el silencio puede ser una forma de cuidado, una pausa necesaria frente al ruido, la violencia verbal o la fake news.

Al final, el ensayo deja una idea potente: que el silencio también forma parte del discurso político. Que no todo está en las palabras dichas, sino también en lo que se elige callar. Y que aprender a leer esos silencios —entender por qué se calla, qué se evita decir y qué significa eso— es una herramienta clave para pensar mejor nuestra democracia.

En tiempos donde todos hablan, el que sabe cuándo callar tiene una ventaja. Quizás sea hora de dejar de temerle al silencio y empezar a escucharlo de verdad.

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Mientras sectores de la política local intentan erigirse como jueces de la gestión actual, una serie de acciones expone el costado más oscur...

Mientras sectores de la política local intentan erigirse como jueces de la gestión actual, una serie de acciones expone el costado más oscuro de su paso por el poder en La Calera: corrupción, desmanejo y privilegios encubiertos que hoy salen a la luz.




Por Gustavo Restivo


Pandora es una figura de la mitología griega, conocida por ser la primera mujer creada por los dioses, según la tradición atribuida a Hesíodo. Fue moldeada por Hefesto por orden de Zeus y dotada de dones por varios dioses (de ahí su nombre, que significa “la que tiene todos los dones”).

Lo más famoso de Pandora es el mito de la "caja de Pandora" (en realidad un "jarro" o pithos), que contenía todos los males del mundo. Movida por la curiosidad, Pandora la abrió, liberando al mundo enfermedades, penas y sufrimientos. Solo quedó dentro la esperanza, que no logró escapar.

En La Calera, algunos sectores políticos que hoy se presentan como custodios de la moral pública olvidan con demasiada facilidad si historial frente a la conducción del barco llamado municipalidad. Desde declaraciones altisonantes hasta comunicados en redes, intentan posicionarse como garantes de la ética, sin reparar en que los expedientes judiciales están comenzando a contar otra historia.

Más de veinte denuncias penales se tramitan hoy en los tribunales, vinculadas a esa historia anterior. Entre los hechos señalados figuran la desaparición de computadoras y discos duros, licitaciones con aparentes irregularidades, vaciamiento de información oficial, desvío de fondos y una serie de favores a medida, que reflejan una lógica de poder más preocupada por los vínculos personales que por el bien común.

En las últimas semanas, se conoció por denuncias en redes sociales que el municipio investiga un posible esquema de cobros indebidos ligados a suplementos salariales no justificados. Si se confirma, la situación derivará seguramente en una nueva denuncia. Por ahora, los detalles se manejan con cautela y sin estruendos.

Lo cierto es que cada día que pasa se abren nuevas capas de una gestión que dejó mucho más que deudas económicas: dejó una estructura institucional frágil, atravesada por prácticas poco transparentes. La caja de Pandora se está abriendo, y lo que sale de ella anhelamos no sean solo meras suposiciones políticas, sino hechos documentados que piden respuestas.

En ese contexto, resulta al menos contradictorio que quienes administraron ese legado pretendan hoy arrogarse la voz de la conciencia pública. La ética no se declama: se practica, con memoria, responsabilidad y, sobre todo, coherencia.

Finalmente, como en todo ciclo institucional, también llegará el momento en que la actual gestión sea evaluada por quienes la sucedan. Es saludable y necesario que así sea. La revisión crítica del pasado no debe ser selectiva: el control y la transparencia deben sostenerse como principios permanentes, no como herramientas circunstanciales. Por eso, cada decisión que se tome hoy también quedará expuesta mañana a la mirada pública.


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Por Redacción Especial| Reporte Cba El 24 de mayo de 1810 suele pasar desapercibido entre los grandes hitos de la Semana de Mayo, eclipsado...





Por Redacción Especial| Reporte Cba

El 24 de mayo de 1810 suele pasar desapercibido entre los grandes hitos de la Semana de Mayo, eclipsado por el luminoso 25. Sin embargo, ese jueves fue decisivo: marcó el fracaso de una estrategia conservadora y reveló la maduración política del pueblo porteño, que ya no aceptaba soluciones de compromiso ni componendas con el viejo régimen.

Contexto: el derrumbe de la legitimidad virreinal

El Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros había quedado en una posición insostenible. Las noticias de la caída de la Junta de Sevilla –último bastión de la autoridad española en la península– habían erosionado su legitimidad. Ya no podía sostenerse en nombre del rey Fernando VII, cautivo en Francia. En ese vacío de poder, el Cabildo convocó a un cabildo abierto el 22 de mayo, donde se discutió el futuro del gobierno local. La conclusión fue clara: el virrey debía ser removido.

Pero la elite del Cabildo intentó una jugada intermedia. El 24 de mayo, bajo presión, se anunció la formación de una Junta de Gobierno... presidida por el mismo Cisneros. Una solución engañosa, que en los hechos buscaba conservar el viejo orden bajo nuevos ropajes.

Reacción popular: el rechazo a los disfraces del poder

Lo que siguió fue un estallido de indignación. La Plaza Mayor –hoy Plaza de Mayo– se llenó de voces airadas. La maniobra fue leída como una traición a la voluntad expresada por el pueblo días antes. Los líderes revolucionarios, como Saavedra, Belgrano y Castelli, no dudaron en expresar su disconformidad. El rumor creció, y el mensaje fue contundente: "El pueblo no quiere más al virrey, ni con disfraz".

Aquel día se rompió una barrera simbólica. Ya no bastaba con que el poder cambiara de forma; se exigía un cambio de fondo. El pueblo no pedía sólo nuevas caras, sino una nueva legitimidad basada en la soberanía popular.

Tres enfoques del 24 de mayo desde la historiografía

  1. Desde la historia política, el 24 de mayo representa el fracaso de la monarquía moderada criolla: un intento de mantener continuidad institucional sin romper formalmente con la Corona. Pero ese modelo fue superado por la dinámica social: la presión popular desbordó los límites que los sectores más conservadores intentaban imponer.

  2. Desde el enfoque social, se destaca la movilización ciudadana. No fue un grupo aislado de ilustrados el que empujó el cambio. Fue una amplia masa de vecinos, comerciantes, milicianos, incluso afrodescendientes y mestizos, quienes expresaron su rechazo a Cisneros. La revolución comenzaba a democratizarse.

  3. Desde la óptica institucional, el hecho mostró que ya no bastaba la formalidad legal para sostener un gobierno. La legitimidad empezaba a medirse por el consentimiento popular. La autoridad virreinal, aunque legalmente vigente, había perdido su raíz de legitimidad.

Un punto de no retorno

La noche del 24 fue turbulenta. Los revolucionarios presionaron, el pueblo se mantuvo firme y, finalmente, Cisneros renunció a la presidencia de la Junta. Así, el 25 de mayo amanecería con una nueva realidad: nacía la Primera Junta de Gobierno, sin virrey, con representantes elegidos por los criollos. Una ruptura en los hechos, aunque todavía no en el discurso formal.

El 24 de mayo fue, entonces, el umbral. Un día en el que se intentó cerrar el paso a la revolución con maquillaje político, pero el pueblo ya no aceptaba máscaras. Exigía verdad, participación y ruptura.

Hoy, a más de dos siglos de aquel momento, conviene recordarlo no como una fecha menor, sino como el día en que el pueblo dijo “no” y empujó la historia hacia adelante.



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En un clima electoral cada vez más crispado, los candidatos priorizan la descalificación del adversario por sobre el debate de ideas. La cam...



En un clima electoral cada vez más crispado, los candidatos priorizan la descalificación del adversario por sobre el debate de ideas. La campaña legislativa en CABA expone una política convertida en espectáculo de confrontación, donde la agresividad sustituye al contenido y el daño a la democracia se profundiza.




Por Gustavo Restivo

Las campañas electorales deberían ser un ejercicio de pedagogía cívica: una oportunidad para que los partidos expongan sus propuestas, contrasten modelos y seduzcan al electorado con ideas. Sin embargo, lo que se ha visto en el desarrollo de las elecciones legislativas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) dista mucho de ese ideal. La política se ha tornado un espectáculo de agravios, una contienda verbal donde el insulto vale más que el argumento, y el ataque personal parece tener más peso que un proyecto legislativo.

No se trata de un fenómeno aislado ni exclusivo del escenario porteño. Pero CABA, por su peso político y mediático, funciona como una caja de resonancia. Allí, las campañas han alcanzado niveles alarmantes de virulencia discursiva. Candidatos que se interrumpen a gritos en los debates, militantes que viralizan campañas sucias, dirigentes que se dedican más a deslegitimar al adversario que a explicar qué harán si son electos. En esa lógica, la agresividad ya no es una herramienta ocasional: es una estrategia de campaña.


La pregunta que surge es inevitable: ¿Qué intentan vendernos los partidos con esta forma de hacer política? La respuesta es inquietante. En vez de propuestas, nos ofrecen enemigos. En lugar de un horizonte de futuro, apelan al resentimiento inmediato. El electorado, convertido en audiencia, es empujado a tomar partido en una pelea más emocional que racional. Se nos convoca, no a decidir entre proyectos, sino a elegir de qué lado de la grieta queremos estar.

Este clima afecta profundamente la calidad del debate público. La discusión de fondo sobre temas urgentes —educación, vivienda, salud, seguridad, empleo— queda sepultada bajo una avalancha de chicanas, ironías, videos editados y frases incendiarias. La política deja de ser un medio para transformar la realidad y se convierte en una guerra de relatos cuyo único fin parece ser la destrucción del otro.


Pero hay un daño aún más profundo: la erosión de la confianza ciudadana. Cuando la política se presenta como un ring permanente, muchos optan por bajarse del juego. El desencanto, la apatía y la desafección crecen. La democracia pierde músculo cuando el ciudadano ya no cree en sus representantes ni en la posibilidad de que algo cambie a través del voto.

Los partidos deben hacerse cargo. No alcanza con responsabilizar a "la grieta" como si fuera un fenómeno meteorológico inevitable. Cada candidato, cada espacio, cada estratega elige el tono de su campaña. Y si eligen el camino de la agresión, también son responsables por las consecuencias.

Es hora de reclamar otro tipo de política: una que no necesite del escándalo para llamar la atención, que recupere la dignidad del debate, que valore más una propuesta coherente que un zócalo televisivo viral. Porque si la agresividad se convierte en la norma, lo que se degrada no es solo la campaña: es la democracia misma.



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  Por Gustavo Restivo El recorrido histórico de la dirigencia argentina evidencia una progresiva separación entre el ejercicio del poder y l...

 


Por Gustavo Restivo

El recorrido histórico de la dirigencia argentina evidencia una progresiva separación entre el ejercicio del poder y los principios éticos. A partir de una reflexión entre el pensamiento de Maquiavelo y Santo Tomás Moro, este análisis propone una mirada crítica sobre la pérdida de valores en la praxis de la política nacional y la urgencia de recuperar una ética pública orientada al bien común.


La política argentina parece haber recorrido, en dirección contraria, el camino que separa a Maquiavelo de Santo Tomás Moro. Si el primero justificaba el poder como fin supremo —aunque fuera a costa de la moral— y el segundo encarnaba la integridad y la coherencia ética en el ejercicio público, nuestra dirigencia parece haber aprendido de ambos... pero solo lo peor del primero.

Desde el regreso de la democracia en 1983, la sociedad argentina depositó una esperanza profunda en sus representantes. Veníamos de años oscuros, donde la ética había sido secuestrada junto con la vida de miles de personas. Pero lo que parecía un nuevo amanecer fue, con los años, cediendo a las viejas prácticas del clientelismo, el nepotismo y el pragmatismo sin principios.

La política, entendida por Santo Tomás Moro como el ejercicio del bien común desde una conciencia recta y guiada por valores trascendentes, fue cediendo paso a una lógica maquiavélica de acumulación de poder, dominación de adversarios y preservación de privilegios. Los partidos se transformaron en meras maquinarias electorales; las ideas en eslóganes de campaña. La política como vocación —al decir de Weber— se volvió un oficio para vivir del Estado, más que para servir a la Nación.

En esta decadencia ética, los grandes proyectos colectivos se diluyeron. La palabra "plan" fue sustituida por la "rosca", el debate ideológico por el "relato", y la gestión pública por la administración de favores. La corrupción dejó de ser un escándalo para convertirse en parte del paisaje. Se normalizó el uso de fondos públicos para campañas privadas, la manipulación judicial para resolver internas políticas y la creación de cargos innecesarios para garantizar lealtades.

Pero el problema no se agota en los dirigentes. Hay una responsabilidad social más profunda: el ciudadano, decepcionado, también ha claudicado en su rol de vigía ético. La indignación es episódica, y muchas veces se vota con el bolsillo o con la bronca, más que con criterio moral. La trampa, la “viveza criolla” y el atajo también tienen su correlato en la sociedad civil.

Hoy, más que nunca, necesitamos redescubrir el pensamiento de figuras como Tomás Moro, que murió por defender la conciencia y la ley natural por encima de los intereses del poder. Necesitamos una política con alma, que no tema decir la verdad, aunque eso implique perder elecciones. La Argentina no se reconstruirá con slogans ni con líderes carismáticos vacíos de principios. Se reconstruirá con mujeres y hombres que, aún en la adversidad, se atrevan a hacer lo correcto.

Maquiavelo enseñó a conquistar y conservar el poder. Moro nos recuerda que la dignidad humana es más importante que el trono. Ojalá nuestra clase política —y nosotros con ella— podamos empezar a caminar nuevamente hacia ese horizonte moral.

Sin embargo, no todo está perdido. La historia política argentina también ofrece ejemplos de líderes que, con errores y aciertos, supieron anteponer el interés general al propio. La renovación ética no vendrá de recetas mágicas ni de figuras mesiánicas, sino de una ciudadanía activa, educada en valores democráticos, que exija transparencia, coherencia y rendición de cuentas. Recuperar la ética en la política implica volver a formar a los futuros dirigentes no solo en gestión y técnica, sino también en filosofía, historia y pensamiento moral. Es necesario que la política vuelva a ser vista como un servicio, y no como un botín.

La reconstrucción debe comenzar desde abajo, en el ámbito local, donde el contacto entre representantes y representados es más directo. Promover el diálogo plural, la participación comunitaria y la formación cívica son claves para restaurar el tejido moral de la vida pública. Solo una política que recupere el sentido del bien común podrá enfrentar los desafíos estructurales del país. Como decía Moro, “lo que no se puede cambiar, hay que soportarlo con paciencia; pero lo que puede mejorarse, debe transformarse con valentía”. Es tiempo de apostar por esa valentía colectiva.

  Por Gustavo Restivo La relación entre el cristianismo y la política ha sido objeto de debate desde los primeros siglos de la Iglesia. Mien...

 


Por Gustavo Restivo

La relación entre el cristianismo y la política ha sido objeto de debate desde los primeros siglos de la Iglesia. Mientras algunos defienden una separación absoluta entre la fe y el gobierno, otros sostienen que los cristianos tienen la obligación moral de participar activamente en la esfera pública. La cuestión central es si la fe cristiana exige una acción política y en caso afirmativo, cuál es la naturaleza de esa participación.

El compromiso social en la tradición cristiana

Desde sus inicios, el cristianismo ha planteado una visión integral del ser humano, donde la dimensión espiritual no puede desvincularse de la realidad social. En el Evangelio según San Mateo (22:21), Jesús afirma: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Esta frase ha sido interpretada de diversas maneras, pero lejos de significar una indiferencia política, sugiere que el cristiano tiene responsabilidades tanto en la ciudad terrenal como en lo celestial.

Santo Tomás de Aquino, en su "Summa Theologica", argumenta que la política es una extensión de la moral, ya que el bien común es un fin intrínseco de la sociedad. Si el cristiano busca el bien en su vida personal, también debe procurar que la organización de la sociedad refleje principios de justicia y caridad.

El cristiano como agente de transformación social

La Doctrina Social de la Iglesia ha insistido en que la participación política no solo es un derecho, sino un deber moral. Documentos como "Gaudium et Spes" del Concilio Vaticano II recalcan la necesidad de que los laicos se comprometan en la construcción de sociedades más justas. En un mundo donde la corrupción, la desigualdad y la violencia son moneda corriente, la indiferencia política equivale a una complicidad con la injusticia.

San Agustín, en "La Ciudad de Dios", plantea una dicotomía entre la ciudad terrenal y la ciudad celestial, pero deja claro que la primera no puede abandonarse a su suerte. Los cristianos, como ciudadanos de ambas, tienen la misión de llevar los valores del Evangelio al ámbito público.

Los riesgos de la indiferencia

La historia demuestra que cuando los cristianos se han retirado de la política, los vacíos de poder han sido ocupados por ideologías que a menudo han atentado contra la dignidad humana. Desde regímenes totalitarios hasta la imposición de valores contrarios a la ética cristiana, la ausencia de creyentes en la arena política ha tenido consecuencias devastadoras.

No participar en la política equivale a dejar que otros decidan sobre cuestiones fundamentales como la libertad religiosa, la educación, la protección de la vida y la justicia social. En este sentido, la inacción no es neutralidad, sino una omisión de la responsabilidad cristiana.

Conclusión

Lejos de ser opcional, la participación política es una obligación para el cristiano comprometido con la justicia y la verdad. Si la fe no se traduce en una acción concreta en la sociedad, corre el riesgo de convertirse en un ejercicio puramente individualista y estéril. Como enseña el Evangelio, "vosotros sois la sal de la tierra" (Mateo 5:13); una sal que, si pierde su sabor, no sirve para nada.

El cristiano está llamado a iluminar el mundo, y esto solo es posible si se involucra activamente en la política, entendida no como un juego de intereses, sino como un servicio al prójimo y a la verdad.

Por Gustavo Restivo Analizamos cómo las confrontaciones políticas, reflejan estrategias que podrían llevar a un "jaque mate" insti...



Por Gustavo Restivo

Analizamos cómo las confrontaciones políticas, reflejan estrategias que podrían llevar a un "jaque mate" institucional, afectando la calidad democrática y el bienestar de los ciudadanos.

 En el ajedrez, la expresión "jaque mate" proviene del persa "Shāh Māt", que significa "el rey está atrapado" o "el rey no tiene escapatoria" . Este término refleja una situación en la que el líder queda sin opciones, simbolizando el final de una estrategia fallida.

En el complejo tablero de la política, la capacidad de generar consensos con fuerzas ideológicamente opuestas es esencial para garantizar la estabilidad y el bienestar de la sociedad. Aunque puede parecer un desafío insuperable, la historia ofrece ejemplos de cómo, mediante el diálogo y la búsqueda de objetivos comunes, es posible alcanzar acuerdos beneficiosos para la ciudadanía.

Un ejemplo reciente de consenso político en Argentina es el "Pacto del 25 de Mayo", propuesto por el presidente Javier Milei en 2024. Este acuerdo buscaba establecer lineamientos comunes en áreas clave como reformas tributarias, privatizaciones, desregulaciones económicas y modificaciones en la coparticipación federal. 

Aunque inicialmente la firma del pacto se pospuso debido a debates legislativos, finalmente, el 9 de julio de 2024, durante el 208° aniversario de la independencia argentina, el pacto fue firmado por 19 de los 23 gobernadores provinciales y el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. 

Este acuerdo reflejó la capacidad de las distintas jurisdicciones para alcanzar consensos en políticas de Estado fundamentales, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas existentes. La firma del pacto en la histórica Casa de Tucumán simbolizó un compromiso conjunto hacia la transformación y modernización del país, demostrando que, mediante el diálogo y la cooperación, es posible superar obstáculos y trabajar en pos del bienestar común.

Cuando las estrategias se centran en el conflicto, la descalificación y la mera crítica (por solo criticar), se corre el riesgo de llegar a un "jaque mate" institucional donde todos pierden. La historia del ajedrez nos enseña que el objetivo no es destruir al oponente, sino superarlo en ingenio y planificación. Del mismo modo, la política debería enfocarse en el debate de ideas y la búsqueda de soluciones conjuntas, evitando caer en el conflicto y el espectáculo que solo conducen a la decadencia del sistema democrático.

Es fundamental que los líderes políticos reflexionen sobre sus estrategias y recuerden que, al igual que en el ajedrez, cada movimiento tiene consecuencias. La verdadera victoria no reside en derrotar al adversario a cualquier costo, sino en lograr que la comunidad avance hacia un futuro próspero y equitativo.

En conclusión, aunque las diferencias ideológicas pueden parecer obstáculos insalvables, la historia y la práctica política demuestran que, con voluntad y enfoque en el bien común, es posible construir puentes y alcanzar consensos que fortalezcan la democracia y promuevan el desarrollo social. Solo así se evitará llegar a un "jaque mate" que deje al "rey" sin opciones, recordando siempre que el verdadero soberano en democracia es el pueblo.

Por Gustavo Restivo Elon Musk propone un modelo de periodismo descentralizado, sin censura y financiado por los ciudadanos. ¿Es el camino ha...


Por Gustavo Restivo

Elon Musk propone un modelo de periodismo descentralizado, sin censura y financiado por los ciudadanos. ¿Es el camino hacia una mayor libertad informativa o una puerta abierta al caos digital?

Elon Musk, el magnate de la tecnología y la disrupción, ha dejado claro en numerosas ocasiones su visión sobre el periodismo: una industria dominada por intereses corporativos y gubernamentales que necesita una transformación radical. Con la adquisición de Twitter (ahora X) y el impulso de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, Musk plantea un futuro donde el periodismo sea descentralizado, independiente y financiado directamente por los ciudadanos.

1. El fin de los grandes medios: el auge de los periodistas independientes

Para Musk, los medios tradicionales han perdido credibilidad al estar influenciados por anunciantes y gobiernos. En su lugar, propone un ecosistema donde periodistas independientes puedan publicar y monetizar su contenido directamente en plataformas digitales, eliminando intermediarios.

Plataformas como X ya han implementado sistemas de monetización para creadores, permitiendo que los periodistas sean financiados por suscriptores en lugar de depender de publicidad corporativa.

2. Noticias en tiempo real sin censura

Uno de los principales argumentos de Musk es la necesidad de un periodismo sin censura. Con la adquisición de X, ha promovido una plataforma donde cualquier persona pueda compartir información en tiempo real, sin restricciones impuestas por las agendas editoriales de los grandes medios.

La idea es que los ciudadanos se conviertan en reporteros de los hechos que presencian, ampliando la diversidad de voces y reduciendo la manipulación informativa.


3. Inteligencia artificial contra la desinformación

Musk también apuesta por la inteligencia artificial como una herramienta clave para el periodismo del futuro. Con proyectos como xAI, su empresa de inteligencia artificial, podría implementarse un sistema de verificación de hechos automatizado que detecte noticias falsas y analice fuentes en tiempo real.

Esto reduciría la dependencia de "fact-checkers" tradicionales y daría mayor poder a la tecnología para garantizar la veracidad de la información.

4. El rol de Community Notes en la verificación de datos

Una de las iniciativas más destacadas en X es Community Notes, un sistema donde los usuarios pueden corregir y contextualizar informaciones en las publicaciones. En el modelo de Musk, la verificación de hechos no estaría en manos de unas pocas agencias, sino de una comunidad global que colabore para ofrecer una versión más equilibrada de los hechos.

5. Periodismo financiado por el público, no por corporaciones

Otro punto clave de su visión es el financiamiento. Musk considera que el periodismo debe depender directamente del apoyo del público y no de grandes empresas o políticos. Su enfoque prioriza los modelos de suscripción y micropagos por contenido de calidad.


¿Revolución o caos?

Si bien la visión de Musk promete una mayor independencia periodística y libertad de expresión, también plantea desafíos: ¿Cómo evitar la proliferación de desinformación? ¿Será posible garantizar un ecosistema sostenible para periodistas sin la estructura de los grandes medios?

El tiempo dirá si el futuro del periodismo se inclina hacia la revolución tecnológica o hacia un caos informativo. Lo cierto es que la discusión está abierta y el modelo Musk ya está en marcha.

En el corazón de La Calera, una batalla política ha desatado una tormenta de controversias que amenaza con socavar los pilares de la democra...

En el corazón de La Calera, una batalla política ha desatado una tormenta de controversias que amenaza con socavar los pilares de la democracia local. Desde disputas por la presidencia del Concejo Deliberante hasta acusaciones de traición y manipulación política, el escenario político de la ciudad es testigo de un enfrentamiento que ha capturado la atención de la comunidad. En este contexto, surge la necesidad de reflexionar sobre los desafíos y dilemas que enfrenta la democracia en un momento de polarización y desconfianza en las instituciones.




Desde el 23 de febrero, el Concejo Deliberante de La Calera ha sido testigo de una disputa que ha capturado la atención de la comunidad local. El trasfondo de esta contienda se centra en la presidencia del concejo y los intentos infructuosos de los bloques opositores por avanzar sobre el Concejo.

El meollo del conflicto parece residir en la postura de la Concejal Analía Marcos, del bloque oficialista, quien se ha visto envuelta en acusaciones de jugarretas políticas tramadas por el peronismo, con presunto aval de la vicegobernadora, según se ha manifestado en redes sociales. Este enredo ha llevado el asunto a los tribunales, donde el Superior Tribunal de Justicia de Córdoba deberá emitir un veredicto.

El Intendente Rambaldi ha hecho eco de la situación en sus publicaciones de Instagram, denunciando prácticas antidemocráticas y comparando la situación con experiencias previas de manipulación política en el concejo. Estas acusaciones apuntan hacia un presunto "travestismo político", donde se sugiere que Marcos cambió de bando por motivos personales o beneficios económicos, en detrimento de los intereses partidarios y comunitarios.

La crisis alcanzó tal magnitud que el Comité Radical de La Calera solicitó la remoción de Analía Marcos, respaldando la idea de que su acción no representaba los intereses partidarios. Esto subraya la fractura interna y la falta de respaldo dentro de su propio partido.


Sin embargo, en medio de este tumulto, la ley ha sido el recurso que ha devuelto cierta normalidad al concejo. El juramento de la Abogada Florencia Chiappero para cubrir la vacante ha restablecido el quórum y permitido la reanudación de las sesiones, conforme a lo estipulado por la Ley 8102.

Esta resolución legal ha sido un rayo de esperanza en un panorama político marcado por la discordia y la desconfianza. Ahora, con el concejo en funcionamiento, es imperativo que los concejales se enfoquen en trabajar por el bienestar de la ciudad y sus habitantes, dejando de lado las disputas partidistas.

El conflicto en el Concejo Deliberante de La Calera es un recordatorio de los desafíos que enfrenta la democracia local y la necesidad de fortalecer las instituciones para garantizar una representación genuina y un gobierno transparente.

Descubre cómo combinar un traje con zapatillas para expresar estilo y comodidad. Exploramos las claves de esta tendencia en ascenso. El buen...

Descubre cómo combinar un traje con zapatillas para expresar estilo y comodidad. Exploramos las claves de esta tendencia en ascenso.






El buen vestir trasciende la simple presentación personal; es una expresión de respeto hacia uno mismo y hacia los demás. No se trata simplemente de exhibir un estilo particular, sino de proyectar confianza y seguridad en cualquier situación. La combinación de un traje con zapatillas, aunque pueda parecer audaz, refleja esta mentalidad contemporánea que busca fusionar la comodidad con el refinamiento.

Combinar un traje con zapatillas ha pasado de ser una idea descabellada a convertirse en una tendencia en ascenso en el mundo de la moda masculina. Sin embargo, para llevar este conjunto con estilo, es crucial comprender algunas claves fundamentales.

Los expertos aconsejan una cuidadosa selección tanto del traje como de las zapatillas para lograr una armoniosa fusión entre formalidad y casualidad. No todas las ocasiones son propicias para esta combinación, y es esencial discernir cuándo es apropiado optar por un calzado más informal.





Las zapatillas adecuadas son aquellas de diseño urbano, evitando las deportivas convencionales. Modelos como las Nike Court Royale o las clásicas Stan Smith de Adidas, ofrecen un equilibrio entre estilo retro y modernidad, ideal para complementar un traje con elegancia.

En cuanto al color, las zapatillas blancas y negras son opciones versátiles que se adaptan fácilmente a diferentes conjuntos. Para quienes buscan destacar, las zapatillas de moda con suelas anchas, como las Ramiro de Franco Passotti o las Arlequin, ofrecen una alternativa audaz y sofisticada.

Finalmente, marcas reconocidas como Lacoste ofrecen modelos como las Espere 317, que combinan la calidad y el estilo característicos de la marca con elementos deportivos, perfectas para cualquier ocasión.

En conclusión, combinar un traje con zapatillas es más que una simple declaración de moda; es una manifestación de estilo personal y actitud ante la vida. Con la selección adecuada de calzado y un toque de confianza, cualquier hombre puede adoptar esta tendencia con elegancia y sofisticación.


Fuente: www.buenavibra.es

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Por Gustavo Restivo En tiempos de crisis y de grietas, el pensar sobre el rumbo  de los argentinos es un tema que merece una profunda reflex...



Por Gustavo Restivo


En tiempos de crisis y de grietas, el pensar sobre el rumbo de los argentinos es un tema que merece una profunda reflexión. ¿Acaso hemos observado alguna vez que la falta de cumplimiento de nuestras obligaciones financieras haya conducido al éxito? La respuesta es clara: no. La historia nos ha enseñado una y otra vez que la negligencia en el manejo de nuestras deudas solo ha traído consigo desastres económicos.

Pero la irresponsabilidad no se limita únicamente al ámbito financiero. Nos hemos acostumbrado a otorgar la función de administrarnos a incapaces y hasta vividores, permitiendo que se aprovechen del esfuerzo ajeno sin contribuir al bien común. ¿Cómo podemos esperar prosperar como sociedad si seguimos tolerando la corrupción y la ineptitud en el gobierno?

Nuestra pasividad frente a los abusos gubernamentales y la laxitud de nuestro sistema judicial solo perpetúa la impunidad y el descontento social. La viveza criolla, lejos de ser una virtud, se ha convertido en una lacra que nos impide avanzar como país y como sociedad.

¿Acaso nos hemos olvidado de nuestro sentido de nación? Parece que hemos perdido el rumbo, permitiendo que intereses mezquinos y cortoplacistas guíen nuestras decisiones. Nos dejamos convencer por políticos cuyo historial está manchado por el fracaso y la corrupción, sin importarnos el futuro que les dejaremos a las próximas generaciones. Es decir justificamos y defendemos "Un modelo de negocios".

La falta de solidaridad y empatía hacia nuestros compatriotas y el desinterés por construir un país mejor son síntomas de una enfermedad cultural que debemos erradicar. Es hora de asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos y exigir un cambio real. No podemos seguir siendo vistos como individuos que más vale tener a distancia. Es imprescindible definir un gran modelo nacional superador. Urge un gran concenso argentino, haciéndonos cargo de los resultados alcanzados, que nos lleve a verdaderas políticas de Estado desde lo económico, lo social hasta lo soberano, sin caer en los errores del pasado.

La incapacidad de los argentinos para elegir verdaderos prohombres que lideren el destino de la nación es un síntoma preocupante de una sociedad que parece haber perdido la brújula de sus valores y prioridades. En lugar de buscar líderes con visión, integridad y capacidad para el servicio público, demasiado a menudo nos dejamos seducir por promesas vacías y populismos que solo perpetúan la mediocridad y el estancamiento. Es imperativo que como sociedad aprendamos a discernir entre la retórica vacía y el verdadero liderazgo, para así poder construir un futuro más próspero y justo para todos.

En resumen, la incapacidad de elegir de los argentinos no es un problema aislado, sino un síntoma de una enfermedad más profunda en nuestra cultura. Es hora de despertar, de retomar nuestro sentido de nación y de trabajar juntos por un futuro mejor.


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Reportaje a la Artista Plástica Mónica Barrera





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