Carmen Álvarez Rivero expone, con crudeza, que Córdoba está ante un problema estructural y urgente. Un examen crítico y contextualizado del texto publicado por la senadora nacional por Córdoba, Carmen Álvarez Rivero, que alerta sobre la exclusión escolar de miles de adolescentes en la provincia.

El diagnóstico que la senadora nacional por Córdoba, Carmen Álvarez Rivero, plantea en su columna no es nuevo, pero sí inquietante: 150.000 adolescentes cordobeses en edad escolar están fuera del nivel secundario. El dato surge de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC y supone que casi la mitad de los jóvenes de entre 12 y 17 años no están escolarizados. Más allá del impacto inmediato, esta cifra desnuda una deuda estructural que compromete el futuro económico, social y cultural de la provincia.
Rivero sostiene que el problema no se limita al nivel medio, sino que es consecuencia de fallas acumuladas en la educación primaria. “Una alfabetización deficiente en primer grado” y “una escuela primaria sin metas de logro” serían el origen de esta “fábrica de pobres”. La senadora subraya la falta de contención y seguimiento en la secundaria como factores decisivos para la deserción. Este enfoque coincide con diagnósticos académicos: el verdadero cuello de botella no es el ingreso a la secundaria, sino la transición desde la primaria sin las competencias básicas.

En Córdoba, la escolarización primaria es prácticamente universal, pero la mitad de los estudiantes llega al secundario con serias deficiencias en lectura y escritura. Esto los coloca en desventaja desde el primer día y explica por qué las mayores tasas de abandono se concentran en los dos primeros años. Si no se interviene temprano, la “bola de nieve” se agranda y el sistema termina expulsando progresivamente a los alumnos.
El impacto social de este fenómeno es evidente. Un joven sin secundario completo tiene 70% más probabilidades de trabajar en la informalidad, accede a empleos de baja calidad y percibe ingresos menores. Además, reduce sus chances de continuar estudios superiores o capacitaciones. Así, la deserción escolar alimenta un círculo vicioso: la pobreza educativa se convierte en pobreza laboral y social.
Rivero también señala una paradoja: “universidades llenas, secundarias vacías”. Córdoba, con una tradición universitaria centenaria y prestigiosa, ve debilitado su semillero. La Región Centro, donde vive el 62% de los jóvenes de 0 a 18 años, es la más afectada. Esto cuestiona no solo la eficacia del sistema educativo provincial, sino también la pertinencia y el alcance de las políticas nacionales, en particular del Plan Nacional de Alfabetización, que la senadora describe como “confuso e inconducente”.

El llamado es claro: la prevención es más efectiva que la reparación. Garantizar que todos los niños aprendan a leer y escribir en primer grado no es un eslogan, sino una condición indispensable para sostener la escolarización secundaria y, por extensión, la movilidad social ascendente.
Conclusión
Carmen Álvarez Rivero expone, con crudeza, que Córdoba está ante un problema estructural y urgente. Su diagnóstico coincide con décadas de evidencia pedagógica: sin alfabetización temprana y seguimiento integral, la secundaria se convierte en un filtro de exclusión. La senadora interpela a las autoridades para que desplieguen políticas basadas en evidencia científica, en lugar de iniciativas fragmentadas. La reflexión de fondo es que la educación secundaria no puede seguir siendo un privilegio parcial, sino un derecho efectivo. Si no se actúa con decisión, la provincia corre el riesgo de hipotecar su capital humano y agravar la desigualdad social en las próximas décadas.





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