Por Gustavo Restivo
La reciente conmemoración del fallecimiento de Julio Cortázar ha reavivado una de las discusiones más fascinantes de la crítica literaria argentina: la porosidad de sus relatos fantásticos ante la realidad social. El análisis del Dr. Carlos Cámpora resulta fundamental para desentrañar esta relación, proponiendo que la política en Cortázar no siempre es un manifiesto explícito, sino una estructura que se filtra a través de la irrupción de lo insólito.
A poco de conmemorarse otro aniversario del fallecimiento de Julio Cortázar, ocurrido el 12 de febrero de 1984, la revisión de su legado nos invita a mirar más allá de la superficie de sus relatos. Si bien su literatura es celebrada por la maestría en el género fantástico, existe una dimensión menos evidente pero profundamente arraigada en su contexto: la política.
Como bien ha analizado el Dr. Carlos Cámpora, la relación de Cortázar con la política argentina, especialmente su rechazo inicial al peronismo (que luego tildaría de "error de juventud"), se filtró en sus cuentos de una manera estructural. A diferencia del realismo, donde el conflicto social es explícito, en la obra cortazariana la política se manifiesta a través de la irrupción de lo insólito, rompiendo la calma de una realidad que se creía segura.
La metáfora de la invasión
El ejemplo paradigmático de esta tensión es, sin duda, "Casa tomada". Aunque Cortázar sostuvo que el relato nació de una pesadilla y no de una intención política consciente, admitió que esa interpretación es válida. La lectura de críticos como Juan José Sebreli y Germán Rozenmacher se ha vuelto ineludible: la ocupación de la casa por entes desconocidos puede leerse como la angustia de la clase media ante la irrupción de las masas populares o "cabecitas negras" en la escena nacional.
Esta "invasión" no se limita a un solo cuento. En "La banda", el personaje de Lucio Medina vive un episodio de extrañamiento en el cine Ópera al encontrarse rodeado de un público que considera "fuera de lugar", vinculado explícitamente a la compañía Alpargatas. Aquí, la política no es un discurso, sino una sensación de pérdida de territorio y de una realidad que se vuelve ajena.
Del rechazo a la autocrítica
Resulta fascinante observar, como señala Cámpora, la evolución del autor. En "Las puertas del cielo", Cortázar describe de manera despectiva a los sectores populares como "monstruos", una visión que el propio escritor sometería a una severa autocrítica en 1970, calificando el cuento de "reaccionario".
Esta capacidad de transformación intelectual es lo que hace que su obra siga viva. Cortázar no solo narró lo fantástico; lo utilizó como un dispositivo para procesar las tensiones de una Argentina en transformación.
Conclusión
Hoy, leer a Cortázar en clave política no es un ejercicio caprichoso, sino una forma de reconocer que la literatura nunca es neutral. Lo fantástico, en sus manos, fue la herramienta para interrogar un orden social que crujía. Como los hermanos de "Casa tomada", a veces preferimos tirar la llave a la alcantarilla antes que enfrentar lo que habita en el pasillo; pero la literatura, afortunadamente, siempre nos obliga a volver a mirar.
- Dr Carlos Cámpora: Lic en Letras (UBA), Dr en Ciencias Sociales (UBA)


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