por Gustavo Restivo

El ayatolÔ Ali Jamenei, líder supremo de la República IslÔmica de IrÔn desde 1989, murió ayer 28 de febrero de 2026 en un ataque militar conjunto de Estados Unidos e Israel contra TeherÔn, confirmaron este domingo fuentes estatales iraníes tras una jornada de caos y combates en todo el país. Jamenei, de 86 años, encabezó durante casi cuatro décadas un sistema teocrÔtico basado en la autoridad religiosa y el control absoluto de las instituciones políticas, militares y judiciales de IrÔn. Su liderazgo se caracterizó por una postura intransigente frente a Occidente, el fomento de redes de influencia en Oriente Medio y la persistente confrontación con Washington y Jerusalén.

El ataque, bautizado por el PentĆ”gono como Operation Epic Fury y ejecutado con la coordinación de aviones, misiles y drones estadounidenses e israelĆ­es, tenĆ­a como objetivos crĆ­ticos instalaciones militares, nodos de mando y, segĆŗn fuentes de inteligencia de EE.UU., la ubicación de Jamenei y otros lĆ­deres del rĆ©gimen. Israel declaró que la muerte del ayatolĆ” fue resultado de “una operación precisa” basada en datos aportados por la CIA. La confirmación final del fallecimiento llegó tras la difusión por parte de medios estatales iranĆ­es de la noticia y el inicio de un luto nacional de 40 dĆ­as.

Desde la perspectiva de Washington y Tel Aviv, la ofensiva responde a una amenaza acumulada. En los últimos años, TeherÔn aceleró su programa nuclear tras el colapso de las negociaciones diplomÔticas, expandió su respaldo a actores como HezbolÔ, Hamas y los hutíes, y profundizó vínculos estratégicos en Siria e Irak. La combinación de estos factores alimentó la percepción en EE.UU. e Israel de que la República IslÔmica perseguía capacidades que desestabilizarían aún mÔs una región ya fracturada, justificando lo que calificaron como un ataque preventivo de gran escala.

No obstante, el costo inmediato ha sido devastador. Las fuerzas iraníes han respondido con misiles y drones contra bases estadounidenses en el Golfo y objetivos israelíes, ampliando el conflicto a múltiples frentes. El impacto en la población civil es grave: cientos de muertos y miles de heridos se registran en varias provincias y ciudades, incluido un ataque contra una escuela en Minab que causó decenas de víctimas entre ellos niños.

A nivel geopolĆ­tico, la situación muestra dos vectores: por un lado, la eliminación de Jamenei representa un golpe sin precedentes al centro de poder iranĆ­, cuya figura era el eje de la polĆ­tica exterior y de seguridad de la RepĆŗblica IslĆ”mica. Por otro, el vacĆ­o de liderazgo y la ausencia de un sucesor claramente establecido abren la puerta a una fase de inestabilidad interna, donde los cuerpos de poder militar —especialmente la Guardia Revolucionaria— podrĆ­an disputar el control, incrementando el riesgo de una prolongada guerra regional.

La muerte de Jamenei y la escalada armada redefinen el mapa de tensiones en Oriente Medio con consecuencias globales: actores como Rusia y China han condenado el ataque, mientras potencias europeas instan a la desescalada. En tanto, la incertidumbre sobre el futuro político de IrÔn y la posible redefinición de su posición estratégica constituyen el desafío mÔs inmediato para la diplomacia y la seguridad internacional.

IrÔn tras la muerte de Jamenei: transición institucional bajo fuego cruzado

La muerte de Ali Jamenei, confirmada tras el ataque coordinado de Estados Unidos e Israel sobre TeherĆ”n, no sólo cerró un ciclo de 37 aƱos de liderazgo absoluto; abrió una etapa de transición en medio de una confrontación militar abierta. A los 86 aƱos, el lĆ­der supremo —eje del sistema polĆ­tico-religioso iranĆ­ desde 1989— fue alcanzado en una ofensiva que Washington y Tel Aviv presentaron como un golpe estratĆ©gico contra la arquitectura de poder del rĆ©gimen.

Masud Pezeshkian

En las horas posteriores, la Asamblea de Discernimiento de Conveniencia del Sistema anunció la conformación de un consejo interino tripartito para garantizar la continuidad del Estado hasta que la Asamblea de Expertos designe a un nuevo líder supremo. El cuerpo quedó integrado por el presidente Masud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Golamhosein Mohseni Eyei y el ayatolÔ Alireza Arafi, jurista del Consejo de los Guardianes y referente del clero político.

La fórmula busca enviar una señal de estabilidad en un momento crítico. Pezeshkian aporta legitimidad ejecutiva; Mohseni Eyei, control institucional y judicial; Arafi, anclaje doctrinal y vínculo con el órgano que supervisa la constitucionalidad y los procesos electorales. Sin embargo, el equilibrio real dependerÔ del posicionamiento del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria IslÔmica (IRGC), actor con capacidad operativa y ascendencia estratégica sobre la política de seguridad y el programa misilístico.

Golamhosein Mohseni Eyei

El trasfondo del ataque remite a una escalada sostenida: aceleración del programa nuclear iranĆ­ tras el colapso de negociaciones, expansión del apoyo a actores armados en la región y sucesivas advertencias israelĆ­es sobre la “lĆ­nea roja” estratĆ©gica. La respuesta iranĆ­ —misiles y drones contra objetivos israelĆ­es y posiciones estadounidenses en el Golfo— confirma que el conflicto se mueve en una lógica de disuasión ampliada.

En el plano interno, la transición se produce con una economía presionada por sanciones, inflación estructural y malestar social acumulado. La elección del sucesor serÔ determinante: un perfil alineado con la línea dura consolidaría la doctrina de resistencia; una figura mÔs pragmÔtica podría explorar canales de desescalada sin alterar los pilares del sistema.

ayatolĆ” Alireza Arafi

La clave inmediata no es sólo quién suceda a Jamenei, sino cómo interactúen el consejo interino, la Asamblea de Expertos y la Guardia Revolucionaria. En esa articulación se juega no sólo la estabilidad de IrÔn, sino el alcance de una crisis que ya trascendió sus fronteras y reconfigura el equilibrio de poder en Medio Oriente.


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