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lunes, 23 de febrero de 2026 febrero 23, 2026

La política en lo fantástico: una relectura de Julio Cortázar



Por Gustavo Restivo

La reciente conmemoración del fallecimiento de Julio Cortázar ha reavivado una de las discusiones más fascinantes de la crítica literaria argentina: la porosidad de sus relatos fantásticos ante la realidad social. El análisis del Dr. Carlos Cámpora resulta fundamental para desentrañar esta relación, proponiendo que la política en Cortázar no siempre es un manifiesto explícito, sino una estructura que se filtra a través de la irrupción de lo insólito.

A poco de conmemorarse otro aniversario del fallecimiento de Julio Cortázar, ocurrido el 12 de febrero de 1984, la revisión de su legado nos invita a mirar más allá de la superficie de sus relatos. Si bien su literatura es celebrada por la maestría en el género fantástico, existe una dimensión menos evidente pero profundamente arraigada en su contexto: la política.

Como bien ha analizado el Dr. Carlos Cámpora, la relación de Cortázar con la política argentina, especialmente su rechazo inicial al peronismo (que luego tildaría de "error de juventud"), se filtró en sus cuentos de una manera estructural. A diferencia del realismo, donde el conflicto social es explícito, en la obra cortazariana la política se manifiesta a través de la irrupción de lo insólito, rompiendo la calma de una realidad que se creía segura.

La metáfora de la invasión

El ejemplo paradigmático de esta tensión es, sin duda, "Casa tomada". Aunque Cortázar sostuvo que el relato nació de una pesadilla y no de una intención política consciente, admitió que esa interpretación es válida. La lectura de críticos como Juan José Sebreli y Germán Rozenmacher se ha vuelto ineludible: la ocupación de la casa por entes desconocidos puede leerse como la angustia de la clase media ante la irrupción de las masas populares o "cabecitas negras" en la escena nacional.

Esta "invasión" no se limita a un solo cuento. En "La banda", el personaje de Lucio Medina vive un episodio de extrañamiento en el cine Ópera al encontrarse rodeado de un público que considera "fuera de lugar", vinculado explícitamente a la compañía Alpargatas. Aquí, la política no es un discurso, sino una sensación de pérdida de territorio y de una realidad que se vuelve ajena.

Del rechazo a la autocrítica

Resulta fascinante observar, como señala Cámpora, la evolución del autor. En "Las puertas del cielo", Cortázar describe de manera despectiva a los sectores populares como "monstruos", una visión que el propio escritor sometería a una severa autocrítica en 1970, calificando el cuento de "reaccionario".

Esta capacidad de transformación intelectual es lo que hace que su obra siga viva. Cortázar no solo narró lo fantástico; lo utilizó como un dispositivo para procesar las tensiones de una Argentina en transformación.

Conclusión

Hoy, leer a Cortázar en clave política no es un ejercicio caprichoso, sino una forma de reconocer que la literatura nunca es neutral. Lo fantástico, en sus manos, fue la herramienta para interrogar un orden social que crujía. Como los hermanos de "Casa tomada", a veces preferimos tirar la llave a la alcantarilla antes que enfrentar lo que habita en el pasillo; pero la literatura, afortunadamente, siempre nos obliga a volver a mirar.

  • Dr Carlos Cámpora: Lic en Letras (UBA), Dr en Ciencias Sociales (UBA)

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domingo, 8 de febrero de 2026 febrero 08, 2026

América Latina otra vez bajo lupa: geopolítica dura en el viejo hemisferio





 Por Gustavo Restivo


El hemisferio vuelve… pero como campo de disputa

América Latina ha sido presentada durante años como una periferia irrelevante para la política exterior de Estados Unidos. Sin embargo, el reciente replanteo estratégico norteamericano sugiere un retorno de la región al centro de la agenda geopolítica. No como socio estratégico ni como aliado comercial prioritario, sino como territorio a controlar, ordenar y disciplinar dentro de una lógica hemisférica renovada.

La lectura que emerge del análisis publicado por Le Monde Diplomatique es clara: la nueva narrativa de seguridad estadounidense redefine el vínculo con América Latina desde parámetros de seguridad dura y competencia estratégica. La región deja de ser un espacio marginal para convertirse nuevamente en un perímetro geopolítico relevante en un contexto global signado por la rivalidad entre potencias, la fragmentación del orden internacional y la creciente disputa por recursos y alineamientos.

Una doctrina que reinterpreta la historia

El giro no es meramente táctico. Remite a una tradición histórica de pensamiento estratégico que concibe al hemisferio occidental como zona de influencia natural de Washington. Lo novedoso no es la pretensión de control —que tiene raíces profundas— sino la forma en que se rearticula hoy: bajo el paraguas de la seguridad nacional, la lucha contra amenazas híbridas y la competencia con actores extrahemisféricos.

Desde esta perspectiva, América Latina vuelve a ser vista como un espacio vulnerable a la penetración de rivales estratégicos y a la proliferación de regímenes incómodos para los intereses estadounidenses. El problema no es únicamente ideológico; es logístico, tecnológico y militar. El hemisferio reaparece entonces como tablero de prevención más que como plataforma de cooperación.

El riesgo de la subordinación estratégica

Este enfoque tiene consecuencias directas para los países latinoamericanos. La región enfrenta el riesgo de quedar atrapada en una dinámica binaria, obligada a elegir alineamientos en un contexto internacional cada vez más polarizado. La lógica del “perímetro a disciplinar” implica una relación asimétrica donde el margen de autonomía regional se reduce y las agendas locales quedan subordinadas a prioridades externas.

Además, la narrativa securitaria tiende a invisibilizar los desafíos estructurales internos —desigualdad, crisis institucionales, fragilidad económica— que requieren respuestas multilaterales y cooperación horizontal. La securitización de la política exterior puede terminar reforzando gobiernos débiles, tensiones internas y dependencias estructurales, sin resolver los problemas de fondo.

Un hemisferio que debe repensarse

La verdadera cuestión no es solo cómo Estados Unidos redefine su política hacia América Latina, sino cómo la región responde a ese reposicionamiento. Persistir en una diplomacia reactiva —apelando a foros o discursos que asumen una relación simétrica inexistente— puede profundizar la irrelevancia política regional.

El desafío estratégico consiste en construir agendas propias, fortalecer mecanismos de coordinación regional y diversificar vínculos internacionales sin caer en lógicas de alineamiento automático. El retorno del hemisferio como problema no debería ser únicamente una preocupación para Washington; debería ser una señal de alarma para América Latina sobre su falta de cohesión estratégica.

Conclusión

El nuevo momento geopolítico muestra que América Latina ya no es irrelevante: vuelve a ser central, pero bajo una lógica de seguridad y control. La pregunta crucial es si la región aceptará ese encuadre o si logrará redefinir su papel desde una posición más autónoma y cooperativa. En un mundo que vuelve a organizarse en torno a esferas de influencia, la pasividad estratégica puede resultar tan peligrosa como la subordinación abierta.


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“Córdoba 2027: entre la estabilidad cordobesista y la presión del cambio nacional”




Por Gustavo Restivo

La política cordobesa atraviesa una fase de transición silenciosa pero profunda. Los datos recientes de imagen política muestran un escenario que no es de crisis, pero tampoco de hegemonía clara. En ese punto intermedio se define el rumbo hacia 2027: una provincia con gestión estable, electorado pragmático y una creciente influencia del clima político nacional sobre las decisiones locales.

El ranking federal de gobernadores ubica a Martín Llaryora con una imagen positiva cercana al 54% y en el octavo lugar nacional. Esto refleja una administración que mantiene niveles aceptables de aprobación y una percepción de orden institucional, pero sin alcanzar el liderazgo dominante que tuvieron otras etapas del cordobesismo.
La posición es sólida, pero también expone una realidad política: Córdoba dejó de ser el polo indiscutido del centro del país en términos de liderazgo simbólico, aun cuando sigue siendo uno de los motores económicos y electorales del interior.

El oficialismo provincial ha logrado algo que en la Argentina actual no es menor: estabilidad sin sobresaltos estructurales. La continuidad del modelo de gestión, el pragmatismo frente al gobierno nacional y la ausencia de conflictos internos graves sostienen una base política competitiva. Sin embargo, esa misma estabilidad tiene una contracara: la falta de una narrativa movilizadora que genere adhesión emocional fuerte. En tiempos de polarización nacional, la gestión eficiente ya no alcanza por sí sola para consolidar hegemonía electoral.

El contraste aparece con claridad cuando se observa la imagen de Javier Milei en la provincia. Córdoba figura entre los distritos donde el presidente alcanza niveles más altos de aprobación, con cerca del 57% de imagen positiva.
Esto revela una tensión estructural en el comportamiento del votante cordobés: puede respaldar una administración provincial moderada y al mismo tiempo apoyar discursos nacionales disruptivos. No se trata de una contradicción, sino de una lógica política dual que caracteriza al electorado local desde hace más de una década.

La baja imagen de figuras nacionales asociadas al kirchnerismo en la provincia confirma otro rasgo estructural: el espacio peronista tradicional tiene un techo electoral consolidado.
Esto no implica ausencia de voto peronista, sino su reformulación bajo identidades provinciales pragmáticas y alejadas de la lógica nacional clásica.

De cara a 2027, la provincia parece encaminarse hacia una competencia marcada por tres fuerzas potenciales. La primera es la continuidad cordobesista, que mantiene ventaja estructural gracias a su aparato territorial, su experiencia de gestión y su posicionamiento moderado. La segunda es una eventual consolidación libertaria provincial, todavía dependiente de la construcción de cuadros locales y de la evolución de la economía nacional. La tercera es una coalición opositora moderada que, aunque posible, sigue sin un liderazgo claro que rompa la polarización entre continuidad y cambio radical.

La economía nacional será el factor decisivo. Si el contexto económico mejora, el oficialismo provincial tendrá margen para consolidar su perfil pragmático y sostener continuidad. Si el deterioro persiste, el voto cordobés podría inclinarse hacia opciones disruptivas con mayor fuerza de lo que hoy sugieren las estructuras territoriales.

En síntesis, Córdoba no enfrenta hoy una crisis política, pero sí una redefinición de su identidad electoral. El desafío del oficialismo será pasar de la estabilidad administrativa al liderazgo político con narrativa propia. El desafío de las fuerzas emergentes será transformar adhesión nacional en construcción territorial real. Y el desafío del electorado será decidir si prioriza la continuidad que le garantiza previsibilidad o el cambio que promete ruptura con el statu quo.

La elección de 2027 no será simplemente una disputa de nombres. Será una prueba sobre qué modelo de representación quiere Córdoba en un país que ya dejó atrás la política tradicional y se mueve cada vez más por percepciones de gestión, identidad cultural y expectativas económicas.


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