Hola amigos, hoy iniciamos cuatro episodios dominicales donde presentaremos un trabajo en el que expondré cada domingo un fragmento de la crisis y cisma en la iglesia católica. Los temas que abordaremos serÔn:
1. Concilio Vaticano II.
2. Historia de Mons. Marcel Lefebvre en la iglesia.
3. La Fraternidad Saleciana San PĆo X (FSSPX), y
4. El Cisma.
El Concilio Vaticano II no fue un bloque monolĆtico de unanimidad, por el contrario, supuso un intenso campo de batalla teológico y polĆtico donde se enfrentaron dos visiones contrapuestas sobre el destino de la Iglesia Católica.
Por Gustavo Restivo
En 1959 el Papa Juan XXIII sacudió a la curia de Roma cuando anuncia que se encaminaba hacia el Concilio Vaticano II. Cuando los obispos le preguntaron porquĆ© lo hacĆa, dicen que el Papa caminó hasta un ventanal y abrió de par en par una de las ventanas, allĆ expresó "Quiero abrir las ventanas de la iglesia para que todos podamos ver hacia afuera y el pueblo pueda ver hacia adentro". Las razones de fondo y las necesidades que impusieron este encuentro ecumĆ©nico pueden resumirse en cuatro ejes:
1. El fin del bunker institucional frente a la modernidad: Desde Ć©pocas lejanas como la ilustración, la Revolución Francesa y la pĆ©rdida de Estados Pontificios en el siglo XIX, la iglesia católica de replegó en una postura defensiva. Se veĆa a si misma como una fortaleza sitiada por los peores errores modernos (el liberalismo, el socialismo, el laicismo y el relativismo). La iglesia necesitaba romper ese aislamiento lo antes posible, no podĆa seguir gobernando y comunicando con esquemas extemporĆ”neos del siglo XIX; o tal vez de la Ć©poca del Concilio de Trento en el siglo XVI ante el mundo que avanzaba a ritmos nunca antes visto. AllĆ se toma noción de la necesidad de pasar de la condena al mundo al dialogo con el mundo.
2. La Ć©poca de posguerra, sus secuelas y el surgimiento de el nuevo orden mundial: El concilio tiene su gĆ©nesis en un planeta que intentaba sanar sus heridas de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el holocausto, un mundo fracturado por la guerra frĆa y la amenaza de aniquilamiento nuclear. En tanto otro movimiento geopolĆtico activó procesos de descolonización en Ćfrica y Asia provocando la transformación del mapa global. La iglesia necesitaba responder preguntas profundas, existenciales de una humanidad herida. ¿QuĆ© tenĆa que decir el catolicismo ante el ateĆsmo de estado (bloque comunista)? ¿Cómo debĆa posicionarse frente al capitalismo feroz y la pobreza estructural? ¿Cómo responder a los nuevos desafĆos Ć©ticos del desarrollo tecnológico?
3. Una iglesia eurocĆ©ntrica que ya era global: Hasta mediados del siglo XX el gobierno de la iglesia era profundamente europeo (e italiano en su mayorĆa). Pero el crecimiento real del catolicismo estaba ocurriendo en AmĆ©rica Latina, Ćfrica y Asia. Es asĆ que se despierta una necesidad vital, descentralizar la institución, dar voz a los obispos de las llamada "iglesias jóvenes". El concilio fue la primera oportunidad real en la historia donde los obispos de todos los continentes se sentaron en igualdad de condiciones para repensar la Iglesia, transformĆ”ndola de una institución europea exportada a una verdadera iglesia global y multicultural.
4. El estancamiento pastoral y la crisis del lenguaje: A nivel interno la liturgia y la teologĆa se habĆan vuelto excesivamente escolĆ”sticas (corriente filosófica y teológica que se desarrolló en la Edad Media, principalmente en las universidades europeas. Surgió como una respuesta a la necesidad de conciliar la fe cristiana con la razón y el conocimiento filosófico clĆ”sico), rĆgidas y distantes del ciudadano comĆŗn. Las misas en latĆn y de espaldas a los fieles, convertĆan al laico en un espectador mudo de un ritual que no comprendĆa.
La necesidad teológica era volver a las fuentes, regresar a la pureza del Evangelio primitivo y de los Padres de la Iglesia para encontrar un nuevo lenguaje. No se trataba de cambiar las verdad de la fe (el dogma), sino la forma de explicarlas para que el hombre contemporĆ”neo pudiera entenderlas. Como dijo el propio Juan XXIII en el discurso de apertura "Una cosa es la sustancia del depósito de la fe, y otra la manera en que se expresa". En 1970, decidido a preservar lo que consideraba la "autĆ©ntica tradición" (en realidad su temor era morir sin dejar sucesores), fundó la Fraternidad Sacerdotal San PĆo X (FSSPX) en Ecƶne, Suiza. Su abierta desobediencia culminó en 1988 cuando, sin mandato pontificio, consagró a cuatro obispos, lo que provocó la excomunión formal por parte de Juan Pablo II y consumó el cisma tradicionalista mĆ”s importante de la era moderna.



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