La controversia abierta en La Calera tras la intimación judicial enviada por el intendente Fernando Rambaldi al titular de Radio Bamba ya excede el marco de una simple disputa entre un funcionario y un medio de comunicación. El episodio obliga a discutir algo más profundo: cuáles son los límites entre la crítica política legítima, el agravio sistemático y la responsabilidad ética que implica ejercer el periodismo en una comunidad.
Según el comunicado difundido por el Ejecutivo municipal, la carta documento enviada a Sergio González responde a una serie de expresiones públicas consideradas “agraviantes, falsas y lesivas”, difundidas durante meses por radio, redes sociales y estados de WhatsApp. La intimación sostiene que esas manifestaciones excedieron ampliamente la crítica institucional para ingresar en ataques personales, descalificaciones y afirmaciones sin sustento.
Posteriormente, el propio medio emitió un comunicado donde reconoció que “en algún momento se utilizaron expresiones que pudieron rozar aspectos personales” y que ello “no corresponde al ejercicio responsable del periodismo”. Esa frase, aunque no configura necesariamente una retractación legal plena, sí constituye una admisión implícita de que ciertos límites fueron sobrepasados.
En conversación con el intendente Rambaldi, éste endureció aún más su postura. Afirmó que existe una utilización distorsionada del concepto de libertad de prensa y sostuvo que “no es libertad de prensa, es libertad de cometer delitos contra el honor de las personas”. También aseguró que determinados sectores periodísticos han “perdido absolutamente la credibilidad”.
Más allá de la dureza de sus expresiones, el trasfondo del conflicto pone sobre la mesa un problema real y creciente: la degradación del debate público local. El periodismo tiene la obligación de investigar, cuestionar y controlar al poder político. Esa función es esencial para cualquier democracia sana. Pero otra cosa muy distinta es transformar un medio de comunicación en una plataforma de hostigamiento permanente donde la opinión reemplaza a los hechos y la agresión desplaza al análisis.
En este contexto también corresponde una reflexión sobre el rol de los propios medios. Radio Bamba ha sostenido durante meses una línea editorial extremadamente crítica no sólo hacia la gestión municipal, sino también hacia otros espacios periodísticos de la ciudad, sin embargo, estos sectores de la comunicación eligieron conscientemente no responder agravios personales ni ingresar en una lógica de confrontación destructiva. No por falta de posicionamiento editorial, sino por entender que el periodismo no puede convertirse en una guerra de insultos.
La legislación argentina protege ampliamente la libertad de expresión, especialmente cuando se trata de asuntos de interés público. Pero esa protección no es ilimitada. Cuando las afirmaciones derivan en ataques personales persistentes, imputaciones falsas o descalificaciones sin sustento, aparecen riesgos concretos de responsabilidad civil y penal.
Por eso este episodio debería servir como una señal de alerta para todo el ecosistema mediático local. La crítica fortalece la democracia. El agravio sistemático la deteriora. Y cuando el periodismo abandona la responsabilidad profesional para asumir una supuesta superioridad moral o una “verdad absoluta”, corre el riesgo de perder aquello más importante que tiene un medio: la credibilidad.


Estoy totalmente de acuerdo con lo expresado. El periodista debe hacernos conocer los acontecimientos diarios,qué ocurre en nuestra ciudad,para eso,debe salir a la calle,caminar por las veredas y hablar con los vecinos.
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